El árbol de Diana

martes, julio 04, 2006

Me alegra que hayas visto con tus ojos la Rambla de las Flores Amarillas. No has estado justo cuando está más bonita, pero sí cuando intercala momentos de paz, de tranquilidad, con esos momentos de alboroto en el que se llena de gente, de charlas, de música… Me gusta que conozcas la Rambla Amarilla, aunque aún tienes que verla en otras épocas del año, cuando se viste de flores en los árboles y justo cuando empiezan a caer al suelo. Tienes que verla vestida y desnuda, en invierno y en verano.

Has visitado la casa futura. No has estado justo cuando está más ordenada, más organizada, pero la has visto en un momento en el que se llena de luz y está viva. Por los dos balcones entre el aire, los ruidos, el sol y hasta las hojas de los árboles. Si la miras detenidamente ves todo lo que hay en la calle reflejado dentro de ella. Ya sabes que puedes dormir en esta casa que por las noches te susurra y te canta al oído para que descanses. Aún tienes que ver lo acogedora que es en invierno con sus estufas y su edredón, y los poros de tu piel sudarán con ella en verano. Si lo deseas podrás abrir los balcones y dejar que la brisa que viene desde el mar te de en la cara y te haga despertar. Y soñarás en esa casa, en azul…

Has venido justo ahora, en el mejor momento. De ahora en adelante descubrirás rincones, te harás con ellos, los harás tuyos y te acogerán porque también se harán contigo, encajarán contigo. Déjate empapar por su esencia y escalarás el árbol de Diana.

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