El árbol de Diana

jueves, marzo 02, 2006

Virginia y Dominique

Cuando era pequeña tenía una amiga que se llamaba Virginia. Su madre era encantadora. Grande, gorda, con el pelo corto y muy blanca. Así la recuerdo. Sonreía continuamente y siempre iba acompañada de su hijo mayor, que reía o lloriqueaba, y siempre iba en un carrito retorciéndose porque tenía algún tipo de discapacidad (no sabría decir si física o psíquica)

Virginia era muy guapa, con los ojos negros, brillantes, que le reían cuando algo le hacía gracia. Sonreía haciendo un ruidito, aguantándose la carcajada. Y no hablaba. No hablaba nada. Mi madre la llamaba “Virginia la mudita” Contaban los chicos y chicas del portal que en su casa sí que hablaba, su madre decía que no callaba nunca…No sé si yo misma se lo oí decir alguna vez a ella o era simplemente un rumor. Algunos decían que la habían escuchado, desde el rellano, mientras esperaban el ascensor. Yo nunca la oí decir nada.

Éramos amigas. Jugábamos juntas muchas veces y también muchas veces estuve en su casa. A veces, en mi faceta curiosa y detectivesca, le preguntaba por qué no hablaba, si era que tenía vergüenza o algún secreto que quería ocultar. Dibujábamos en la arena con un palo y le proponía que me escribiese ahí la respuesta. Me parece que alguna vez le hice sentir incómoda. Nunca me respondió nada.

Siempre pensé que alguna vez me hablaría, que lo conseguiría si me tomaba confianza. Mientras tanto charlaba con ella, le contaba cosas, le proponía otras y ella se conformaba. Si no le parecía bien se marchaba a casa, pero nunca se quejaba. A mi siempre me ha gustado hablar.

Debíamos ser bastante pequeñas. Después no la recuerdo más. En verdad no recuerdo haberla visto durante el resto de tiempo que vivimos en Torrejón. Cuando nos mudamos me despedí de otras amigas, de otros amigos… los que había tenido en los últimos años, porque Virginia y yo dejamos de ser amigas. Me dejó de servir hablar sola, supongo.

Así que aquella Virginia que apenas recordaba pasó a reunirse junto con mis otros recuerdos de amigos perdidos. Como Dominique, un niño polaco, cariñoso, con voz de pito, del que recuerdo que bañaba conmigo a las barbies, saltábamos en la cama de su madre, y nos peleábamos con los demás niños del portal porque le insultaban. Le defendía a capa y espada de lo que le decían, aunque con el tiempo lo pienso y seguramente era verdad: era gay. Pero entonces me parecía que le hacían una gran ofensa y lo negué siempre.

Da igual cuántos amigos tuviese y perdiese, o cuántos me dejé atrás con las mudanzas y me olvidé de ellos… Me conformaría con verles por un agujerito sólo a ellos dos, Virginia y Dominique, para saber si han tenido suerte.

4 Comments:

  • A lo mejor en vez de ser gay era muy listo (no digo q si fuse gay no seria listo, eh!!??) pq en esos momentos conseguia estar contigo a solas..No lo habias pensado?
    bicos

    By Anonymous Anónimo, at 5:31 p. m.  

  • Me ha gustado mucho este post. Ve a la tele a ver si los encuentras o algo. Besus :**

    By Anonymous Sergio, at 5:34 p. m.  

  • En unos años me gustaría poder mirar por un agujerito a los amigos que tengo ahora y ver que, efectivamente, han tenido suerte.

    By Anonymous Blanca, at 12:16 p. m.  

  • Manu: No cuela… Éramos unos críos y no nos inspirábamos ninguna sensación de atracción ni nada. Qué previsible eres, jajaja... :P

    Par: Me ves en la tele? Jajaja… Yo no.
    Virginia supongo que seguirá viviendo en Torrejón, Dominique se fue a Polonia... Hay gente que tienes que dejar así en el recuerdo o poco más.

    Blan: ¿Pero a mi me verás más que por un agudejito, no? Porque por muy lejos que se te ocurra vivir iré a verte, espero.

    By Blogger Diana, at 12:34 p. m.  

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